Ron: la sabiduría espiritual de un leoncito

Ron se había ido de su casa. Su humana me contacta muy preocupada por su ausencia. Y esto fue lo que dijo el gato.

“Lo que te traigo es oro. Te estoy ayudando a estirar tus límites, para expandir plenamente tu conciencia. Salir completamente del miedo, reconocer tus múltiples partes. Hay una parte cariñosa, hogareña y sensible. Hay otra salvaje, poderosa, libre y muy plantada. No dudes. Ambas son útiles. El trabajo es volver a vos misma, sin dudar. Reconocer las limitaciones que muchas veces te ponés, que son artificiales. No estoy perdido. Ya cumplí una misión. Sé arreglármelas. Estoy vivo, estoy bien. Estoy explorando el mundo, como un pequeño leoncito. Vos ya lo sabés. Se cerró un ciclo. Te invito a conectar con el vacío de la ausencia para que conectes con la presencia y la atesores. El miedo es tuyo, no mio. Yo no estoy asustado. Estoy manifestando mi libertad y te invito a que hagas lo mismo. Estoy siendo gato. Cuando tenga ganas, cuando vos estés lista para reconocer y valorar lo presente, es posible que regrese. Mientras, sigo haciendo lo que tengo que hacer. Soy un gato libre, un leoncito (lo repite). El aprendizaje es tuyo, no mío. De tu alma, no de la mía. Yo estoy a tu servicio. Pero quiero seguir siendo libre. Quiero seguir pudiendo tomar mis propias decisiones, sin que nadie elija por mí. Y te invito a que hagas lo mismo. Lo vincular es siempre un espacio de profundo aprendizaje sobre sí mismo. Y le damos lugar al otro, pero lo propio debe ocupar su propio lugar. Prestá mucha atención a la sensación de encierro, aun cuando lo aparente sea un espacio cálido, de protección y contención. Date vos misma el espacio, sin miedo. Estirate, compartiendo, pero ocupando tu propio lugar. No tengas miedo, sé arreglármelas bien. Sé que en esperan con amor. Es preferible sin preocupaciones. El cielo es el límite. Podés lo que quieras. Sólo disponete a mirar, segura, plantada y firme, tu reino desde lo alto.”

 

Encontraron a Ron tres semanas después. En el medio, apareció un gato muy parecido (pensaron que era él) a quien nombraron Leoncito (se quedó en la casa y se hizo muy amigo de la hija de la consultante). Ron volvió, un poco más flaco y despelucado pero entero. Está en su casa, como siempre. Sus humanos tienen más información rica y poderosa sobre sí mismos, gracias a su mensaje.

 

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© 2018 Verónica Kenigstein | Hablo con Animales

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